lunes, mayo 04, 2009

Capítulo XIV. Parte 5.

-¡Detente! –gritó Laura.
Daniel aminoró la marcha pero no paró el Mustang.
-¿Qué pasa ahora?
-Osvaldo –fue lo único que dijo.
Abrió la puerta del auto y trató de bajarse.
-¿Puedes parar el auto?
-No vas a bajarte.
-¿Qué? ¿Me vas a secuestrar de nuevo?
Daniel se encogió y frenó. Laura soltó el cinturón de seguridad y se bajó del Cobra. Matías profirió un silbido.
-Esta ragazza es de armas tomar.
-Cállate.
Laura saltó fuera del auto y corrió para alcanzar a Osvaldo.
Las instalaciones de la S.S.J. quedaban más o menos cerca de la Universidad de Antofagasta. Nunca hubiera creído que era tan lejos de no ser por que lo había visto con sus propios ojos. Es que cuando la llevaban ahí no quería fijarse en el camino. Pero ahora habían pasado justo por fuera de la UCN por lo que cuando vio la silueta de su amigo no dudó en ir a buscarlo.
-¿Qué pretende? –preguntó Daniel para sí mismo.
-¿Celoso? –inquirió divertido Matías. Daniel estuvo a punto de golpearlo pero se contuvo. No iba a pelearse con su único aliado. En cambio le mandó una mirada fiera, Matías sonrió. –Sólo decía.
-¡Osvaldo! –gritó ella.
El aludido se dio media vuelta y ladeó la cabeza sin comprender qué hacía Laura ahí.
-¿Pasó algo?
-Nos vamos –le dijo ella y lo tomó de la mano conduciéndolo al Cobra.
-Para, para, para –le dijo él. Laura se detuvo y se volvió hacia él.
-Si no vienes conmigo, puede que nunca más me veas.
Osvaldo frunció tanto el entrecejo que sus cejas se juntaron.
-¿Cómo tan así?
-Acompáñame.
Osvaldo la siguió soltando un silbido cuando ella se detuvo frente al Mustang.
-¿Y de dónde sacaste este?
-Súbete por favor y guarda silencio hasta que estemos a salvo. –Ella se agachó hasta quedar frente a la ventana del copiloto –Matías hazte a un lado que se va a sentar ahí.
-Pero Laura, ¿qué estas haciendo? –preguntó Daniel con un notorio tono de alarma en la voz.
-Me cuido mi pellejo, ya no confío en ustedes por lo que traje a mi seguro. Ya Osvaldo, entra.
Laura abrió la puerta delantera y tiró del asiento hacia a delante para que el enorme de su amigo pudiera pasar.
-Te podrías haber buscado un seguro más pequeño, mamma mia, esto es un gigante –señaló Matías alejándose lo más posible de Osvaldo.
Cuando ambos estuvieron cómodos detrás se miraron.
-¿Tú…? –inquirió Matías repentinamente fiero.
-¿Qué tal? –le preguntó Osvaldo recostándose cómodo en el asiento de cuero del Cobra. Laura se subió al auto y se dio la vuelta en el asiento para escuchar mejor.
-Abróchate el cinturón –le avisó Daniel. Pero Laura lo miró con una cara de “no me hables” y él se quedó callado.
-¿De dónde conoces al trastornado este? –le preguntó Laura a Osvaldo. Él levantó los hombros y le sonrió.
-Digamos que tenemos cosas en común…
-Contigo nunca –espetó Matías con rabia. Belén lo miró extrañada.
-¿De cuando tan serio? –se burló Belén. Matías la miró con odio y comenzó a mirar la ventana –Uy de cuando tan grave…
-Laura cállate mejor –le dijo Daniel. Osvaldo frunció el cejo.
-¿Por qué te hace callar? –inquirió insolente. Daniel lo miró por el espejo retrovisor.
-Hago lo que se me pega la gana en auto.
-Já, esa es buena. Este ni siquiera es tu auto. La S.S.J. te lo dio. No seas patudo.
Laura notó que Daniel apretaba el volante más fuerte de lo normal. Prefirió hacerle caso antes de ver a las personas que quería peleadas. Se dio la vuelta y abrochándose el cinturón le sonrió a Daniel para que supiera que se iba a comportar hasta llegar a la casa de su amiga.
-Oye Laura –la llamó Osvaldo.
-¿Hum? –preguntó ella sin mirarlo.
-¿Dónde se supone que me llevas?
-¿Tienes miedo? –inquirió con burla Daniel. Laura sacudió la cabeza y la giró lo más que pudo para hablarle a su amigo.
-A la casa de Ale.
-Ah –fue lo único que respondió él.
Laura le pegó en el hombro a Daniel.
-No seas antipático. Recuerda que estás en la pitilla conmigo. Ándate con cuidadito.
Daniel no le dijo nada, pero estuvo apunto. En cambio apretó el acelerador. Entre más rápido llegarán a la casa de la amiga de Laura más rápido él podría irse a pensar y planear las cosas con Matías.
No tenía idea de donde podría estar Estheffi y Laura no lo ayudaba así que la única manera de alejarla de esto y mantenerla a salvo era haciendo lo que ella quería. Ver a u amiga no le parecía mala idea aunque sí un poco rara. Verla a estas alturas del partido. Si Laura no quería involucrar a más gente lo mejor era no contarla a nadie lo que pasaba. Pero ella había insistido en que su amiga no sabía nada y ella no iba a hablara de nada. Laura tenía un raro brillo en los ojos y eso a Daniel le llamó la atención. Mejor me dejo de tanta tontera y me concentro en la carretera… se dijo. Y dejó el tema como terminado.

Capítulo XIV. Parte 4.

Oyó como ella tomaba aire.
-Mi papá tampoco va a llegar porque acompañará a mi mamá, estaré sola con mi hermano. Por eso tengo que ir.
-O sea, que puedo ir contigo. ¿Eso me estás tratando de decir?
-Algo así.
-Ale habla claro de una vez por favor. –Ella inspiró mucho aire.
-Laura me llamó.
Eduardo trató de que ella no notara el pequeño temblor en su barbilla. Laura se había atrevido a llamar a la casa de Ale… ¿Y si alguien rastreaba la llamada? Se masajeó el puente de la nariz. Que la haya llamado solo significa una cosa: Problemas. Algo que quería lejos de Ale. Guardó silencio, no quería que ella supiera lo rabioso que estaba ahora.
-Me dijo que…
-Espera, ¿hablaste con ella? –la interrumpió.
-Sí…
-¿Cuándo?
-Mira, no te vas a enojar, pero…
-¿Pero qué? –Eduardo trató de controlar el impulso de esconderla en un baúl y llevársela lejos.
-Cálmate, ¿quieres? Sentí que me llamaban al celular, por eso me levanté, además igual tenía que llamar a mi casa.
-¿Qué te dijo ella?
-Este…
Eduardo advirtió que ella titubeaba.
-¿Qué fue lo que tú le dijiste? –preguntó esta vez.
-A ver Eduardo, córtala de tratarme como si fuera de papel, tendré manos de hule pero mi cerebro trabaja perfectamente como para entender en la situación en la que estamos. Así que te pediría por favor que la cortaras con tu paranoia. ¿Estamos?
Eduardo enarcó una ceja y la miró notablemente sorprendido. ¿Ale hablándole en ese tono? Sacudió su cabeza. No iba a perder la compostura.
-Sigue –le ordenó.
-Laura me llamó y me dijo que tenía problemas…
-No me digas. –Ironizó él. Ale bufó.
-La invité a mi casa.
Eduardo se atragantó. ¿Qué era lo que acababa de escuchar? A ver, a ver, a ver, si no mal recordaba ella estaba a salvo en su departamento. Feliz, suponía. Y sí, tendría que volver a su casa, pero con él. ¿Pero Laura? Primero muerto.
-No discutiremos sobre esto –le dijo.
-No estoy discutiendo, te estoy informando.
Eso descontroló su desesperación. La tomó por los hombros y la tiró al piso. Él se situó encima de ella y le clavó sus ojos.
-Me ha costado un montón que estés sana, no me hagas encerrarte.
-Atrévete –lo desafió. –Atrévete y no me vuelves a ver. Entiende que yo tengo otra vida, tengo responsabilidades y cosas de las que ocuparme, ni vivo sola ni me conozco la mitad del mundo. No pertenezco a alguna agencia “asesina-maleantes” ni quiero hacerlo. Soy tan normal como cualquier persona.
-Ale, por favor.
-Bájate ahora mismo o grito.
-Nadie te escucharía.
-¿Recuerdas que no estamos solos? –inquirió ella con una sonrisa de suficiencia.
-¿Por qué me haces esto? –inquirió casi suplicante. Ale suspiró.
-Eduardo, no me va a pasar nada. A demás en mi casa me siento segura.
-Laura no llegará sola, y lo sabes.
-¿No? –Ale hizo la pregunta con tanta inocencia que Eduardo se preguntó si de verdad ella no había pensado en esa posibilidad.
-Claro que no, irá con Daniel. –Y el nombre los masculló. No era que lo odiara, pero el chico ese no era capaz de ver más allá de sus narices para comprobar la verdad.
-Ah, no sabía eso…
-¿Cómo?
-Es que no se me ocurrió, cuando me llamó estaba poco más que histérica, me pidió que la escuchara. Eso es todo.
Eduardo la quedó mirando. Ahí, debajo de él se veía tan tierna e inocente que le dio más rabia lo que iba a hacer.
-Está bien –le dijo –pero iré contigo y me quedaré contigo.
-Pero Eduardo…
-Ale, esa es la condición con la que te dejo salir de aquí. Tómalo o déjalo.
-¿Y Estheffi?
-Con nosotros también.
-Olvídalo.
-Ale…
-No.
-Ale… -Eduardo se inclinó y quedó a un centímetro de ella. –Por favor.
-¿Cómo eres…?
Eduardo la besó, y supo que había ganado.

domingo, mayo 03, 2009

Capítulo XIV. Parte 3.

Ale miraba a Eduardo sin pestañear. La verdad era que le había cargado que la española se fuera a meter al departamento de él y que más encima se tuviera que quedar allí. Es que aunque tenía unas ganas de sacarla por los pelos o, mejor aún, tirarla por el balcón así se arreglarían los problemas… ella no era tan mala para hacer eso. Suspiró. Eduardo la sentó a su lado en el sillón café que había en una especie de estudio en el que ambos habían entrado.
-Verás…
-Eduardo –lo calló ella –no entiendo para nada tu rollo con ella, pero yo ya decidí confiar en ti por lo que…
-¿No quieres saber porqué la traje? –inquirió él arqueando una ceja. Ale desvió la mirada.
-No es eso… es sólo que no quiero saber los motivos… no creo que me gusten mucho. –Admitió con un hilo de voz.
Eduardo asintió. Pasando su brazo más cercano por encima de su cabeza, la rodeó y la atrajo hacia sí.
-Siempre tan desconfiada Ale… -le susurró al oído. Ella se estremeció.- La traje aquí porque nos conviene a ambos.
-¿A ti y a ella?
-No, a ti y a mí.
-¿Ah? –preguntó ella alejándose un poco para mirarlo.
-Claro… ella es una buena excusa para no tener que irme… aunque es bastante egoísta de mi parte el hacerlo… de sólo imaginarme que estarás en peligro por mi culpa…
-Shhsst –lo calló ella colocando su dedo índice en sus labios. –No te preocupes por mí…
-Ah, Ale… ya viste lo peligroso que es el andar conmigo, ¿cómo puedes decir eso?
-Es que… -Ale supo que su cara ya estaba hecha un tomate –a tu lado no me da miedo… nada me asusta –añadió con un susurro.
Sintió como Eduardo se tensaba pero a ella poco le importó. Se acurrucó en su pecho, aspirando su olor rodeándolo a su vez con sus brazos.
-No quiero que te alejes de mí… nunca. –le dijo contra su pecho. Notó que él ponía su mandíbula sobre su cabeza y suspiraba.
-Yo no soportaría irme… estar alejado de ti…
Ale l subió lentamente la mirada hasta que sus ojos se encontraron.
-Prométeme que nunca me dejarás.
-Es una promesa bastante difícil dado que llevamos más o menos un día de ser novios, ¿no te parece? –Le sonrió. Ale no hizo ni siquiera un gesto.
-Promételo -exigió.
-Lo intentaré… no puedo darte más. –Y se sumió en sus labios.



-¿Qué hacemos? –preguntó Laura. Los dos, Daniel y Matías, la miraron.
-Te escondes –ordenó Matías.
-Y ahora –apuntó Daniel.
Matías la empujó hacia la pieza y Daniel entró con ella. La puerta fue cerrada por fuera y Laura solo atinó a pensar que ahora estaba apunto de ser encontrada por gente maniática de la S.S.J.
-Laura… -oyó que la llamaban.
Se giró y vio a Daniel sentado en el borde de la cama señalándole que ella hiciera lo mismo. Laura puso los ojos en blanco.
Olvídalo, articuló con la boca. Daniel encogió los hombros y se paró. Se acercó a ella y la abrazó.
Bien, lo último que le faltaba. Perder las fuerzas de voluntad justo en esos momentos. ¿Por qué a ella? ¿Por qué Dios la había creado tan débil? Aunque no lo abrazó sintió como sus brazos por momentos cedían al impulso de hacerlo. Pero él la había secuestrado por su propio bien. No podía olvidar eso, no podía perdonarlo así de fácil. Detrás de la puerta se oyó un crujido.
-¡Maldición! –dijo Daniel soltándola y apoyando su oreja en la puerta por si escuchaba algo. Laura lo imitó. Sabía que era inútil el tratar de escuchar algo porque nunca había podido hacerlo, así que con un suspiro se alejó de la puerta y se sentó en la cama con los brazos cruzados sobre su torso.
Se mordió el labio inferior tratando de no echarse a escupir palabrotas de toda la rabia que tenía y cerró los ojos para que no se le saliera lágrima alguna. No sabía qué hacer, qué creer y cómo superar esto… ¿cómo irá a acabar todo…? Se preguntó. Tenía que decírselo a alguien. Sabía que no era una persona capaz de guardarse algo tan grave, pero involucrar a alguien más le parecía sucio de su parte por lo que solo le quedaba una persona a la cual llamar. Miró por encima de su hombro al teléfono blanco que estaba en el velador junto a la cama y no se lo pensó dos veces, marcó el número de su amiga.
Daniel la miró pero no le hizo el menor caso, sabía que ella no era tonta como para meter más gente, a demás él no quería decirle nada, con lo mal que se había portado ya no le quedaban ni ganas de negarle algo. Así que solamente se concentró en lo que pasaba detrás de la puerta.


Eduardo contemplaba el mar desde el balcón fuera de su habitación. Con una mano se apoyaba en el suelo y con la otra acariciaba la mejilla de Ale que no hacía más que respirar. No se perdonaría nunca haberla metido en algo así, pero cómo no, si la quería a ella y no podía ocultarle algo, simplemente porque no podía. Era muy extraño lo que sentía pero ya estaba resignado a soportarlo, no, está mal dicho, no lo iba a soportar, lo iba a disfrutar. Recordó como la noche anterior se había quedado mirándola dormir. Se veía tan frágil, tan ajena a su mundo que de solo pensar en que estaba con una persona como él le daba asco. Sacudió su cabeza levemente y cerró los ojos.
Sintió que Ale cambiaba de posición para acomodarse más. Bajó la mirada y la notó frotándose las manos. Signo de que algo le molestaba. Ella no le dijo nada, pero él supo que algo no andaba bien.
-¿Qué pasa? –preguntó bajito para no interrumpir la quietud del momento.
-¿Qué hora es? –dijo por toda respuesta.
-Las 11:34 A.m. ¿Por qué?
-Tengo que llamar a casa.
-¿Qué les vas a decir?
-No sé… en el camino se me va a ocurrir algo.
Ale se levantó. Eduardo sonrió. Era muy linda y por eso la quería tanto. Tanto como para ser tan egoísta de querer tenerla con él.
-Te acompaño.
-No, -le pidió ella –es que… cuando tú estás me pongo nerviosa… -ella levantó los hombros en tono de disculpa y entró en la pieza.
Eduardo se quedó mirando el mar, lo grande, azul, envolvente, imponente y hermoso que era. No se movió cuando la sintió a su lado nuevamente. Lo que sí notó con certeza es que ella venía algo incómoda. Se volvió a mirarla y la notó un poco agitada.
-¿Qué te pasa? –le preguntó pasándole el pulgar por su mejilla rosada.
-Es que… -Ale lo miró y frunció el cejo.
-¿Qué pues?
-Tengo que volver a mi casa…
-Olvídalo Ale, no te quiero ahí a menos que estés a mi lado.
-Ah, bueno… eso no es tanto problema…
Eduardo sintió que ella bajaba la cabeza y rehuía su mirada.
-Explícate –le pidió en tono serio.
-Que mi mamá me dijo que mi abuela había enfermado por lo que ella iba a cuidarla, no volvería a casa hasta mañana en la noche y yo tenía que volver sí o sí para cuidar a mi hermano chico. Mi papá… -Ale guardó silencio. Eduardo esperó paciente a que dijera algo, pero ella no abrió la boca.
- Ale… -la llamó él.
-¿Sí?
-Continúa.

Capítulo XIV. Parte 2.

-¡¡¡¡ANIMAL!!! ¿Cómo dices? ¡¡¡Te dije que la cuidaras bien!!! –le gritó histérica Laura a Osvaldo.
-Pero si no es mi culpa, ya te dije, se fue, no sé a donde. Además ¡yo no soy niñero de nadie! Allá tú amiga si quiere andar corriendo peligros por las calles. En todo caso no debe andar desprotegida, se llevó el arma que traía.
-¡¡¡Ah!!! ¿Y ahora que hago?
-¿Qué ibas a hacer?
-Nada, nada…. Ya, adiós…
-Oye…espérate.
-No puedo, tengo que colgar y si te preguntan por mi estoy donde Fabi ¿Escuchaste?
-Si, si… pero lo que sea que vayas a hacer… ten cuidado.
-Si, gracias…adiós –Laura colgó nerviosa.
-Mmm… ¿ahora si que tenemos perdida a la española? –preguntó Matías.
-Nada que ver…
-Pues piensa luego, no tengo todo el día.
Laura iba a decirle unas cuantas cositas cuando de pronto se escucharon el sonido de unas lleves que habrían la puerta principal y una voz que llamó a Matías.
-¿Daniel de nuevo? –susurró Laura y salió velozmente en dirección a la puerta.
-¡Espera! –trató de detenerle Matías, pero ya era tarde. Laura abrió la puerta antes de que Daniel lo hiciera y lo enfrentó con una cara muy fiera.
-¡¿Qué?! –alcanzó a decir él, antes de que Matías se precipitara entre los dos y los arrastrara hacia dentro.
Laura se zafó rápidamente de la mano que le sujetaba el antebrazo. No quería que ninguno de los dos la tocara, y menos ahora que sabía que su vida corría peligro por culpa de su Dani, justo a mí… pensó con tristeza. Matías cerró la puerta y los quedó mirando a ambos. Daniel al contrario, tenía la cara congestionada de remordimiento. Se notaba a leguas que no sabía dónde esconderse.
-Quiero que me expliquen… AHORA.
-¡Shsstt! –la callaron ambos. Laura no hizo ningún gesto y levantó una ceja –sigo esperando.
-Laura, yo… -comenzó a decir Daniel, pero antes de que pudiera seguir sonó el celular de Matías.
-¿Qué pasa? –preguntó malhumorado porque le habían interrumpido. Laura notó que Matías miraba rápidamente a Daniel y la comisura de su boca se curvaba en una mueca –Sí, lo entiendo.
Y colgó con la cara echa la frustración misma.
-No nos dan más tiempo, Daniel. La quieren ahora.
Laura notó que ambos se ponían rígidos de repente. No sabía qué hacer, qué decir. Además a Osvaldo se le había escapado. Por un lado quería proteger a su amiga, pero por otro también quería que no le pasara nada a su Dani. Estrujó su cerebro tratando de encontrar una solución pero el futuro para ella se veía negro, negro. De pronto encontró una luz, algo que por el momento podía ayudar a su Dani. Ahora bien, el problema radicaba en si esos dos le harían caso. Pero no perdía nada con intentarlo. Aclarándose la garganta se acercó a los dos que yacían con la visión nublada por el infortunio.
-Creo que…
-Laura silencio –le espetó Daniel –estamos pensando.
-Pero…
-Arrestra ragazza. Estamos tratando de encontrar una solución.
-¿Me podrían escuchar el par de jetones?
Los dos la quedaron mirando. Y ambos fruncieron el cejo.
-A ver, ragazza, la cosa es bien simple. Tú te callas, o morimos todos.
-No, LOL. La cosa es así –Laura se acercó a ambos y les sonrió. – Ustedes me seudo secuestraron ¿no? No los voy a perdonar jamás, y menos a este negro que tengo al lado –Laura oyó un gemido de parte de Daniel. Le importó un bledo –Pero los tres estamos en peligro.
-No, Laura tú no… -comenzó a decir Daniel, pero Laura lo miró con fuego en los ojos y él se calló.
-He pensado que a lo mejor ustedes, no sé, podrían escaparse o algo así. Más que mal esta porquería de sociedad es bastante trucha y oscura, les haría bien alejarse de ella. Como lo hizo Estheffi.
Laura se quedó esperando la respuesta cuado oyó que ambos comenzaban a reírse a carcajadas. Cruzó los brazos sobre su pecho y se amurró. Los chicos se rieron más. Le dio rabia, mínimo que la respetaran, si la idea era tan mala primero se lo hubieran dicho y luego se hubieran burlado de ella.
-¡Ya paren! –pidió subiendo la voz. Los dos le taparon la boca rápidamente.
-¡¡Shhstt!! –la calló Matías.
-Silencio, preciosa. –le ordenó Daniel.
Laura entrecerró los ojos y asintió para que la dejaran por lo menos respirar.
-Pero… ¿Por qué se ríen? –preguntó ella casi hablando normal.
-Es que tu petición es demasiado utópica ragazza, no se puede.
-Además ninguno de nosotros está dispuesto a dejar la sociedad. Los costos son demasiado altos. –Le explicó Daniel.
-Ah, ¿Y prefieren morir antes?
-Es he allí el problema, la dejemos o no la dejemos, moriremos igual.
Laura miró a Daniel confundida. Morir igual… ¿por qué tan dramático? Si la suposición que había echo ella era metafórica porque no le cabía en la cabeza que alguien como Daniel pudiera morir. Tragó saliva.
-So… -dijo en inglés. Daniel la fulminó con la mirada porque no conocía nada de inglés. -¿Qué? Si este perturbado puede hablar en italiano yo también puedo hacer un tanto. Es justo ¿a que sí? –preguntó mirando a Matías. El aludido se levantó de hombros y le sonrió.
-Qualunque cosa si desidera, ragazza. –Laura bufó porque no había entendido ni jota pero sacudiendo la cabeza volvió al meollo del asunto.
-Ya pues, ¿qué pretenden hacer? –exigió saber. Daniel comenzó a mirar un cuadro que estaba justo encima de la cabeza de Laura. Matías sólo chasqueó la lengua.
Pasaron así más o menos unos 10 minutos hasta que un fuerte golpe en la puerta los sobresaltó a los tres.
-¡Matías! ¿Estás ahí? –preguntó alguien. Y por el tono de voz empleado, Laura supo que no era nada amigable.

Capítulo XIV.

Un golpe de la puerta y el sonido de unas llaves, devolvió a la realidad a Laura mientras buscaba alguna solución rápida a su problema. Le costó ponerse de pie, además de su mareo ahora se le sumaban las ganas de llorar, pero no por pena, al contrario, por la impotencia de no poder hacer nada, lo que hiciera tendría graves repercusiones, si no salía herida ella sí lo estaría su amiga Estheffi y si salía bien Estheffi, saldría muy mal ella. ¿Qué hago? Volvió rápidamente a la cama y se tapó con las frazadas hasta la cabeza, no quería hablar con nadie, menos con ese desquiciado, que al menor descuido la podía hacer desaparecer.
-Laura, levántate, ¿no pensaras estar todo el día en “mi cama”?
-No es tu problema, además tú me tienes secuestrada aquí, no yo.
-Pero podrías salir lo antes posible de aquí si cooperaras más conmigo, no soy malo si eso es lo que piensas…
-Já, -rió sarcástica. -No te preocupes que eso si me ha quedado claro… lo único que quieres hacer conmigo es charlar sobre el calentamiento global, muy interesante de tu parte
-Mira, no me voy a desgastar contigo, tú ya sabes lo que quiero, necesito información de tu amiguita, o esto va a terminar muy mal, tienes de plazo todo el día, después…
-¿Después qué?
-Después yo no me hago responsable de lo que el resto de la organización hará con ella cuando comiencen las búsquedas especiales, no son muy amables que digamos
Que no son amables... ¿eso significa que…?
-Habla claro ¿quieres?
-¡Uf!… Mira, en la organización a los rebeldes no se les trata muy bien, bueno en realidad no se les trata bien para nada… así que si no arreglamos este tema a mi manera, les dejaré el camino libre a los demás
-Y si tú la encuentras… ¿qué harás con ella?
-Mm… No he pensado en eso, pero te aseguro que no la voy a mandar exiliada… -Marías rió.
-Jajá… simpático. –Laura apenas y podía estar tranquila.
-En serio, -continuó él. -Si la encuentro primero que los demás seré bueno, muy bueno, tal vez la deje libre luego de que aclaremos bien las cosas, o… mm... no sé, llegaríamos a un acuerdo beneficioso con el jefe acerca de su futuro…¿sabes lo que pasa? Tengo muchas influencias con mis superiores, si les doy una idea de lo que deberían hacer con Estheffi lo más probable es que me hagan caso, nadie saldría muy mal parado, y los que fueron sus cómplices tampoco… -remarcó bien la ultima frase.
Osvaldo, ¡madre!
Laura se quedó pensativa un largo minuto y miró de reojo a Matías, no era difícil verlo, para nada, si es que no estuviera dando la hora por Daniel, tal vez ese Matías hubiera sido más de su agrado.
-¿Cómo puedo creer en lo que me dices? –inquirió ella.
-Lo único que puedes hacer es confiar en mí, no te queda otra alternativa –le dijo Matías mientras comenzaba a hacer sus ejercicios matutinos, como si la conversación no tuviera ninguna importancia.
-¿Qué pasa si no te ayudo? –quiso saber Laura ¿Tal vez el irresponsable, demente y sicópata de Daniel después de todo igual me rescataría o no?
-Mmm… ¿te gusta la nieve?
-¡¿Qué?!
-Bueno si a ti no te gusta no importa, pero Estheffi se tendría que acostumbrar. Dicen que en el norte de Rusia nieva mucho, -se recostó en el piso y comenzó a hacer abdominales. -Además del frío desgarrador y las dependencias de nuestra organización en ese lugar del mundo dejan mucho que desear, la gente que es mandada, bueno, mejor dicho, exiliada a la fuerza allá, no aguantan mucho. Hay que decirlo, Estheffi es muy bonita… No me gustaría que se desperdiciara con una pulmonía o tuberculosis… ¿y a ti? –su tono era de lo más normal, mientras seguía haciendo unos abdominales en el suelo. Se levantó repentinamente y puso su cara frente a frente de la de Laura mirándola fijamente –recuerda que Daniel es nuevo en esto, tengo mayor autoridad sobre él, y da por hecho de que no podrá hacer nada para evitar lo que ocurrirá si tu no me ayudas…
-¿Dón…de está el teléfo…no?
Matías sonrío y le palmeó la espalda.





En un descuido de Osvaldo, mientras éste iba a buscar su mochila para ir al delta, Estheffi sacó las llaves de la casa y salió rauda. Eduardo había decidido ayudarla, nuevamente. Y eso la mantenía más tranquila. Claro que apreciaba mucho la ayuda que le estaba brindando su amiga Laura y Osvaldo, pero no podía seguir metiéndolos a ellos en más problemas por su culpa. Las cosas se iban a agravar y los primeros sospechosos serían ellos. Era mejor que siguiera sola, o con la ayuda de aquellos que ya estaban metidos hasta el fondo, esos no tenían nada que perder.
Estaba esperando a Eduardo en una esquina, llevaba un polerón con un gorro que le cubría el rostro, la impaciencia y el nerviosismo la comenzaba a dominar, tenía miedo; la podían encontrar en cualquier momento. En ese instante dobló por una esquina el auto que estaba esperando, pero no venía solo.
-Entra rápido –le dijo la voz bajo unos vidrios polarizados, ella le hizo caso enseguida, ya había estado demasiado tiempo parada en esa esquina. Pero no se pudo sentar adelante como ella esperaba, ese lugar estaba ocupado por la amiga de la Laura, así que tuvo que subirse atrás. Estuvo todo en silencio un buen rato. Eduardo parecía enojado y apretaba fuertemente el volante.
-Lamento haberte llamado nuevamente… -le dijo Estheffi tratando de quebrar el hielo. Pero nadie le contestó nada, se fijó en la joven de adelante, ella también parecía algo molesta y miraba solamente hacia la ventana.
-¿Estás al tanto del último movimiento? –preguntó Eduardo, mientras se detenía en una luz roja.
-No, he estado desinformada desde que me di por perdida –él la miró por el espejo retrovisor con aires de querer reprenderla.
-Me vuelven a perseguir los mismos tipos de la otra vez, -le informó, -esos que contrató la S.S.J., y segundo, mi organización ya se hizo cargo del problema del contrabando en centro América, y ahora importantes personajes del bajo mundo han “desaparecido”, eso deja a ambos bandos en empate.
-La S.S.J. se había preparado casi todo el año para ese movimiento… deben estar de los nervios en estos momentos.
-Si, razón de sobra para desquitarse conmigo y de paso contigo por lo que acabas de hacer.
-No podía seguir Eduardo tú sabes que…
-Ya no importa, -la interrumpió él. –Ahora lo importante es acabar con toda esta tontería y rápido. ¿Quién más sabe lo tuyo? –inquirió serio.
-Laura y al parecer Osvaldo también, su amigo. Además de Daniel y Matías que ya me deben de estar buscando.
-Eso no es bueno, hay más gente involucrada…
-Y ahora también lo sabe… -Estheffi señaló a Ale con la cabeza. Eduardo hizo caso omiso a su comentario y siguió con la vista pegada en la carretera.
Llegaron nuevamente al departamento de Eduardo, cuando se bajaron Ale miró a Estheffi amablemente, tratando de guardarse el enojo.
-Te vas a tener que quedar aquí por un tiempo –le dijo Eduardo a Estheffi, a Ale le cambió la cara.
-¿Y después qué? –preguntó Estheffi.
-Pienso que lo mejor es sacarte a escondidas del país, eso déjamelo a mí –y dejándolas solas salió a hablar por teléfono a otra habitación. Antes de cerrar la puerta las miró de reojo en señal de: “mantengan la calma, las dos”
Ale estaba algo incómoda con la presencia de la española allí. Pero decidió hablarle.
-Y… ¿Cómo está Laura?
-¿Ah?... eh, bien, guay, eso creo… no me ha llamado –le contesto Estheffi algo extrañada por la repentina “buena onda”.
-Ah –Ale no encontraba ningún tema para seguir conversando.
-Y… -Estheffi no estaba segura de hacer esa pregunta -¿Tú eres la novia de Eduardo o algo así?
-¿Ah? - ¿por qué me pregunta esas cosas? qué desubicada… -Algo así –le dijo Ale reacia a hablar más del tema.
-Ah… -y ambas quedaron mirándose, más bien estudiándose, una a la otra, hasta que Eduardo llegó.
-Te vas a quedar en la última habitación, está por el pasillo, al fondo –le indicó Eduardo. Los tres se miraron entre ellos, él tosió - …Pude conseguir un vuelo para Marruecos. No es bueno que vayas a Europa ahora, allí es demasiado fácil moverse entre países.
-Eso sólo le tomará más tiempo encontrarme, al final lo conseguirán, sé demasiadas cosas que, tal vez, no es conveniente que alguien más se entere.
-Lo sé, -Eduardo asintió. -Por eso me contacté con un amigo y antes que él llegue es buena idea que tengas listo otro nombre… Estheffi García murió hace dos días en Puerto Rico en el último movimiento de la O.S.A.I. tratando de robar información que le fuera de ayuda a la S.S.J. …después de todo, morir como mártir no es tan malo… ¿cierto? –Eduardo sonrío y se la quedó mirando para ver si reaccionaba.
-….Cla…ro. El sueño de toda mi vida –le respondió Estheffi, aun confundida.
-Te puedes acomodar si quieres –le invitó él apuntándole el pasillo.
-Sí – respondió ella y se quedó mirando a ambos fijamente.
Ale se había quedado de una pieza después de escuchar el “plan”. Eduardo la tomó de la mano y la llevó a la habitación más lejana para hablar de lo ocurrido.

sábado, mayo 02, 2009

Capítulo XIII. Parte 5.

El amanecer desde un piso 17 era algo de otro mundo, y sin exagerar. De a poco se fue disipando la oscuridad de la noche y con leves tonos celestes el cielo comenzó a aclarar. Si a esto se le sumaba el sonido de algunas poquitas y pequeñas aves que cantaban. El silencio del departamento, más bien de la ciudad a esa hora era algo maravilloso, sólo unos pocos autos ya comenzaban a sonar en la carretera, muy a lo lejos. Ale estaba pegada a la baranda del balcón que estaba en el living, porque claro, ese tipo de edificio tan “cool” balcones para regodearse; en las piezas que daban al mar y uno grande en el living, que daba al este.
Eran las 6:45 de la mañana, y Ale se había levantado a tomar un poco de agua. Se quedó pasmada en el balcón durante un largo rato y se volvió a acostar. Recordar el raro episodio que estaba viviendo le daba dolor de cabeza.
La noche anterior había formado una fortaleza con almohadas en la cama de dos plazas, es decir, una división equitativa. Eduardo se la había quedado mirando con cara de dibujo animado cuando ella comenzó a dividir las frazadas y esas cosas.
-¿Cuál es tu plan? –él le había preguntado.
-Ninguno, solo trato de hacer como si fueran camas separadas…
-¿Ah?
-Mira, es fácil, tu duermes al lado derecho y yo al izquierdo, eso es todo, así que divido la cama con esta larga almohada y tu te quedas con una frazada y yo dos, porque me da frío –Eduardo parecía divertido con la “idea”
-…Pero… ¿de qué tienes miedo?
-…De nada, solo me aseguro…porque si te molesta puedo ir a dormir al living o a esas otras habitaciones que tienes por allí y…-lo dijo dirigiéndose a la puerta de salida, pero Eduardo le obstruyó el paso.
-Ok, como tu digas, termina tu “fortaleza” –ella le sonrió en señal de victoria.
Una vez que hubo terminado la división se acurrucó en su lado izquierdo dentro de su frazada en posición fetal para dormir.
-Hasta mañana –le dijo ella y apagó la luz.
-Hasta mañana –él le respondió también, se rió levemente y cruzó su brazo por encima de la “fortaleza de almohadas” derribando la primera parte.
-¡Hey! ¿Qué hiciste con las almohadas?
-Nada, -le respondió riendo. -Sólo que me estorban para respirar, ¿no querrás que muera ahogado verdad? –insinuó utilizando su tono irónico.
-Es más probable que mueras por un disparo –dijo Ale. El tono serio de su afirmación tensó el ambiente y Eduardo se puso serio.
-Tienes razón… por eso no me gusta dejar para mañana lo que puedo hacer hoy… uno nunca esta seguro de lo que puede ocurrir. Lo único que ahora quiero es abrazarte, nada más –ella no respondió. –Así mira. –Y la abrazó contra su pecho -¿Ves que no es tan grave?
-Pues no, no es tan grave… -admitió ella. -Sólo que si duermo muy pegada a ti vas a escuchar mis ronquidos –él se rió. –Y a veces hablo sola, no me hago responsable de que duermas mal.
-Delégame a mí esa responsabilidad.
-Como quieras –y se acomodó nuevamente en su forma fetal, pero ahora rodeada en los brazos de aquel chico, depositando la mitad de su cabeza en la almohada y la otra mitad en el hombro de Eduardo.
Durmió muy bien a pesar de no haber pasado la noche en su cama, pero es que esa cama de dos plazas era muy suavecita, como de espuma y de seguro le había costado un ojo de la cara.
Claro, deben de gastar todo el dinero que les sobra en algo útil…
Cuando volvió a la cama después de ir a tomar agua, Eduardo ya estaba despierto, había dormido toda la noche como un bebé y su pelo estaba algo desordenado. Ella se volvió a acurrucar y él la abrazo de nuevo.
-¿Cómo dormiste?
-Mmm pues, tus ronquidos fueron atroces y si a eso le sumo las cosas incoherentes que hablabas… -ella le lanzó un pequeño almohadón.
-Mentiroso –él se rió.
-Relájate –le dijo mientras seguía riéndose –no roncaste nada.
-Obvio que no, me hubiese dado cuenta.
Se mantuvieron en silencio largos minutos, ambos mirando hacia la nada,
-¿Al final te vas a ir igual? –preguntó ella sin mirarlo.
-Creo que sí…
-Pero, ¿qué más me escondes? Y no me digas que nada, porque anoche ya me desviaste el tema...
-No me cuesta nada hacerlo –y se acercó rápidamente a ella a casi milímetros de su rostro.
-¡Oye! –Ale lo sacó de encima con la poca fuerza que siempre había tenido, – tienes cinco minutos para contarme –su voz estaba firme.
-Mmm… -Eduardo volvió a su posición. -De verdad no tiene importancia, en serio… -Le tomó la mano y comenzó a besarle los dedos.
-Eduardo córtala… -le rogó ella con apenas fuerza.
-No quiero…
-Te quedan dos minutos… -le avisó Ale. -Y el tiempo va disminuyendo.
A Ale se le hacía difícil evitar a Eduardo cada vez que él comenzaba a hacerle cariño o a besarla. Pero ahora tenía miedo de lo que él pudiese estar pensando, por eso tenía que detenerlo.
-No –Le dijo él, obstinado.
Él parecía hacerse el sordo, pero su celular comenzó a sonar, con un suspiro de resignación lo tomó y contestó.
-¿Aló? –Eduardo escuchaba a su interlocutor de manera irritada, se sentó y se paso por el pelo la mano libre con aires de grave preocupación –Voy para allá –y colgó.
-¿Para donde vas? –le interrogó ella. Lo dijo casi como una orden. Eduardo no la miraba.
-… Me salió algo imprevisto –seguía desviándose del tema.
Suspiró al pasarse ambas manos por la cabeza. En ese descuido Ale le tomó el celular y salió disparada de la habitación para buscar el último número de la llamada entrante. Él la siguió
-Ale, ya córtala, no es nada, pásamelo… -Ella lo enfrentó furiosa.
-¿Por qué “requiere de tus servicios” la española?

viernes, mayo 01, 2009

Capítulo XIII. Parte 4.

Un ojo… ahora el otro… ¡no! ¡Que el otro no se cierre! ¡Madre! Ya, se cerraron los dos, vamos, ahora sí… Uno y… ¡Dos!
Laura abrió los ojos y sintió un dolor en la cabeza. Almohadón duro este, que me vino a dar ese payaso… refunfuñó mientras se ponía una mano bajo al oreja para ver si así calmaba un poco el dolor. La cabeza le daba vueltas al tratar de recordar lo que Matías le había dicho anoche. Menudo excéntrico resultó ser el tipo ese. Sonrió al recordar lo asustada que había estado y lo idiota que había parecido después.
Luego de cortar el teléfono a sus padres, Matías se le había acercado y le había dicho que tenían asuntos que hablar, cuál no sería el chasco que había pasado cuando él le dijo que el tema era sobre Daniel.
-¿Qué? –había preguntado ella sin poder salir de su asombro.
-Sí, -continuó Matías –me preguntaba cómo es que se habían conocido, cómo había surgido la relación y así… las partes morbosas las omites por favor. –Y luego se había largado a reír.
Laura trató de levantar una ceja como había visto que lo hacían los emoticones del Messenger, pero fue imposible, por lo que se limitó a poner cara de “ah, claro, este…”
-¿Y para eso tanto jaleo? –Inquirió ella –bueno, digo porque podrías haberle preguntado a él directamente.
-Oh no, Daniel no me contraía nada de eso, ni en sueños.
-Pero ¿por qué quieres saberlo?
-Simple curiosidad.
-No soy tonta, a mi no me engañas –Laura lo miró entrecerrando los ojos –no me trajiste aquí por eso.
-En todo caso… -convino él asintiendo pensativo.- Pero lo otro ya lo sabes, es por lo de Estheffi.
-Te dije que no sabía nada.
-Pero eso n lo puedo asegurar, entonces hasta que no me digas lo que sabes te quedarás conmigo. Nos haremos amigos y…
-A ver, para, para, para –Laura levantó la mano en señal de Stop,- no voy a quedarme aquí por siempre.
-Eso dependerá de cuánto te demores en decirme lo que necesito saber.
Y así se pasaron el resto de la noche. Laura le contó algo relativo a Daniel, pero lo otro se lo pasaron hablando de las aventuras que Matías había tenido en el extranjero.
-¡¿Estuviste en Inglaterra?! –le preguntó con un cargado tono de envidia. Él había asentido orgulloso.
-Pues claro, y ahí casi me peleo con uno de los guardias del palacio, esos que no se mueven.
-¿Qué fue lo que hiciste?
-Eh, bueno, yo tiré un sapo en medio de la entrada, quería ver si lo sacaban de ahí o se quedaban quietos.
-¿¡Eh?! ¡Estás chiflado! ¿Lo sabías?
-Pero bueno, tampoco me fui muy limpio que digamos. Tenía que haber supuesto que ese lugar estaba lleno de cámaras y…
-¿Y?
-Que me pillaron, estuve metido en la cárcel como tres horas antes de que la agencia hiciera el papeleo. Aunque fue divertido.
Menudo idiota, había pensado ella. Pero él no era tan malo como parecía. Al contrario, era de lo más normal, claro que dentro de los cánones que ahora ella consideraba “normal”
Se estiró en la cama. Matías había insistido en que se quedara a dormir allí y él lo haría en el sillón del living. Cuando oyó una voz allí mismo que la hizo saltar.
-¿Mi Dani… acá?
La voz que había escuchado era inconfundible, podía ser capaz de oírla a metros de distancia, sin exagerar. Se levantó rápidamente de donde estaba, con la cabeza casi dándole vueltas por culpa de la almohada, y sin pensar estuvo a punto de cruzar la habitación para llegar al living, pero la puerta estaba cerrada y muy fuerte, entonces a Laura se le ocurrió ponerse a chillar lo más alto posible para que Daniel la escuchara “de seguro que así me salva y me saca de aquí…” Solo le faltaba acumular en sus pulmones un poco más de aire para dar de esos gritos de película, cuando escuchó:
-¿Y has encontrado alguna pista de a Estheffi? –Pregunto Daniel a Matías muy preocupado.
-No, nada y ella tampoco ha querido colaborar.
-Yo te dije… esto no va a funcionar así…y…
-Ya le vas a dar de nuevo con eso ¡hombre!
-¡Pero si es cierto…! – Daniel se comenzaba a alterar.
-Es la única manera de obtener información de esa española, a menos que quieras comenzar a jugar a algo más entretenido, ya sabes, en la organización sabemos hacer bien los trabajos de “agentes secretos” no me costaría nada localizar a esa niñita… “a mi manera”
-Pero esto lo estamos haciendo a ¡“mi manera”! –se exaltó Daniel.
-Por eso te digo, relájate y deja hacer esto bien a la manera que “tú” me dijiste.
-No quiero que se te pase por la cabeza informar al grupo de búsqueda de la organización del tema de Estheffi, esas cosas nunca terminan bien, y Laura… la quiere mucho, no quiero que ninguna salga herida.
-Y... ¿a caso tu crees que esto va a terminar bien? –Matías comenzó a reírse por lo bajo –Mira, aunque utilice la diplomacia con tu amiguita y por fin logre sacarle el paradero de esa española, al jefe no le va a gustar que llegue y se largue como si nada hubiera pasado, eso tu deberías saberlo mejor que nadie.
-Después yo veo como me las arreglo, por mientras tú sólo mantén la primera parte del plan, es decir, nada de violencia, vas a tener que convencerla de que es mejor que revele todo de la manera más sana… y rápido, no quiero que se siga mezclando en todo esto.
-Y… ¿por qué no la convences tú? Esa niña gritona que nunca para de hablar, es tu problema no el mío, y mira que si tu “plan” falla yo voy a ser el más perjudicado, es más, no debería ni siquiera escuchar tus locas ideas “utópicas”. En el mundo en que estamos la diplomacia no sirve Daniel, date cuenta.
-Ella también desconfía de mí, me he dado cuenta. Sabe en lo que estoy metido y sabe muy bien que no soy un aliado en el tema de su amiga española, no lograría nada hablando con ella. Quizás con “sanas” amenazas de tu parte reaccione un poco.
-Como quieras, pero después no me culpes de que las cosas se me escapen de las manos…
-No se te van a salir de las manos, porque te voy a estar vigilando Matías, recuérdalo… -Matías respondió con una risa.
-Como digas…
-Y… ¿ha comido algo? ¿Durmió bien?
-Supongo que sí, nadie podría dormir mal en mi cama…me costó el casi el sueldo de todo un mes.
-Hablo en serio.
-Yo también… ahora es mejor que te vayas antes que se despierte.
¡¡Ya me desperté Imbécil!!
-Si, eh… te voy a estar llamando por la tarde, para saber como va todo.
-Como quieras, pero hoy es el único día que voy a perder en esta tontería, si ya no funciona me voy a ver en la obligación de hacer las cosas como yo sé hacerlas, y no bromeo, me juego mi pellejo también, no lo olvides.
Lo último que se escuchó fue un portazo, Daniel se había ido y Laura no pudo gritar, se quedo casi paralizada con lo que acababa de oír.
¿Cómo Daniel me hace esto? ¿A caso le da lo mismo que este animal haga lo que quiera conmigo? ¿Cómo salgo de esta sin delatar a mi amiga? ¿Cómo hago para salir “viva” de aquí?
Mientras su mente vagaba entre complejos y enredados pensamientos e ideas que le venían a la cabeza a la velocidad de la luz, se dejó caer en el piso junto a la puerta cerrada con llave, mirando hacia la nada, tal cual como se le venía el futuro más cercano en estos momentos, sola y sin nada, ni con nadie.